martes, 9 de diciembre de 2025

Compis

CÓMPLICES Parte 4

Cuando el liderazgo se distribuye entre generaciones... mi paso por las aulas.

Podría empezar esta entrada con un "llegar tarde a la universidad, pero creo firmemente que todo momento es perfecto para empezar, lo importante es dar ese primer paso... Empezar.

Estar en la universidad con casi 50 años, rodeada de jóvenes con menos de 25 años (alguno unos años más, pero tampoco muchos más), podría parecer al principio un salto generacional difícil de salvar. Sin embargo, desde el primer año descubrí que, más que una brecha, esa diferencia se edades se convirtió en una riqueza compartida, yo aportando experiencia vital y profesional y ellos aportando frescura, nuevas miradas y una enorme competencia académica y digital.

No ha existido un modelo jerárquico, no he sido ese referente adulto donde los jóvenes siguen, ¡qué va!, nuestro grupo ha tejido un liderazgo distribuido, todos ayudando a todos, cada uno liderando en aquello que mejor sabia hacer. Me han acompañado en los trabajos, presentaciones, entrega de proyectos, etc. Siempre desde el respeto, paciencia y el reconocimiento haciéndome sentir una más del grupo, y no una excepción.

Las ideas de Bolívar sobre liderazgo distribuido y liderazgo docente permiten dar una mirada a nuestra experiencia: el liderazgo no se concentra en una sola figura, sino que se coparte y se ejerce desde múltiples roles. En nuestro caso estudiantes-líderes: no solo han sido alumnos que cumplían tareas, sino que pensaban, proponían, discutían, revisaban y construían conocimiento de forma colaborativa dentro y fuera del aula.

Nuestra clase funcionó muchas veces como una pequeña Comunidad Profesional de Aprendizaje: compartiendo apuntes (sí, me refiero a ti), analizando artículos (sí, tú), preparando exposiciones conjuntas (sí, vosotros) y haciendo corresponsables del aprendizaje a todos. Esta estructura que cimentado en la confianza, donde se puede preguntar sin miedo y se podía cuestionar sin jerarquías, es el mejor ejemplo de mejora educativa donde brota de forma natural, la colaboración y compromiso colectivo.

En esta entrada a mi blog (una parte de mi), quiero dejar por escrito mi profundo agradecimiento y cariño a mis compis, quienes me acogieron, cuidaron y exigieron académicamente como cualquiera del grupo, pero teniendo presente mi punto de partida. Gracias por vuestro apoyo, la diferencia de décadas en la edad dejó de ser una barrera para convertirse en la prueba de que el liderazgo distribuido también puede vivirse en un aula universitaria, cuando un grupo camina junto, aprende junto y se reconoce como una comunidad.

Guardaré siempre en mi memoria esta etapa y vuestros nombres en mi corazón. 💞








domingo, 16 de noviembre de 2025

Eduardo


CÓMPLICES Parte 3

Liderar desde el corazón, construir desde el ejemplo.

Si tengo que pensar en liderazgo, inmediatamente vienen a mi mente: la importancia de la voluntad, la humildad, el aprendizaje colaborativo y la visión compartida. Pero estos conceptos dejan de ser teoría y cobran vida cada día a mi lado, gracias a Eduardo, quien ha sido el compañero, guía y el mejor ejemplo de liderazgo consciente que podría elegir.

Cada jornada de Eduardo inicia antes de que salga el sol, con una energía y entusiasmo contagioso. Se levanta con una determinación admirable, listo para asumir todos los retos del día, y jamás le he visto actuar con pereza. Hay algo profundamente admirable en su fuerza de voluntad y cómo se traduce en acciones concretas que impactan nuestra vida diaria. Tiene una frase que repite a modo de mantra, "Nada es imposible", lo cual es su fiel reflejo.

Fred Kofman, en su teoría sobre liderazgo consciente, habla de la capacidad de un líder para comprometer y elevar la conciencia de un equipo hacia objetivos colectivos. Eduardo encarna ese espíritu en nuestra familia. Fue él quien, desde el principio, me motivó y apoyó para cumplir mi sueño de finalizar mi grado universitario. Donde asumió con alegría y dedicación las tareas del hogar, aprendiendo a cocinar, donde hoy sus lentejas tienen una fama trascendental en casa (deberían darle un premio Michelin). Pero más allá del esfuerzo tangible, lo que más valoro es su manera de hacerme sentir parte de un equipo, donde mi objetivo personal se convierte en nuestro logro compartido.

Jim Collins descifra el liderazgo en dos virtudes: la voluntad y la humildad. Eduardo posee ambas. Como padre, es referente para nuestros hijos, porque les enseña a través de su ejemplo que uno puede ser capaz de controlar y gestionar sus emociones, parar, pensar y decidir el próximo paso. Sus hijos aprenden, día a día, sobre educación emocional de la manera más humana.

En casa, el momento de la cena es sagrado: nos reunimos alrededor de la mesa y cada uno comparte sus vivencias del día, sus alegrías y dificultades. Eduardo propicia esa atmósfera del diálogo y colaboración, donde todas las voces se escuchan y todos sentimos que construimos juntos, exactamente como describe Peter Senge en su modelo de la organización que aprende. Nuestro hogar se convierte en esa comunidad profesional y humana cuyos miembros evolucionan, encuentran significado y comparten una visión común.
Además, Eduardo, no olvida su propio autocuidado. Practica boxeo, asiste al gimnasio y, desde muy joven, entendió que para cuidar a los demás hay que también cuidarse a uno mismo. Su trabajo es su momento de disfrute, de donde regresa sonriente, con ese convencimiento de que su esfuerzo es nuestra base de bienestar. Como hijo y hermano, transmite protección y ternura en cada encuentro familiar, y como amigo, es incondicional ya que su lealtad es un faro que guía. Me conmueve, especialmente, su frase hacia mis padres (sus suegros): "Los quiero y tengo mucho que agradecerles porque han cuidado y educado a la mujer que hoy me acompaña". Ese reconocimiento y gratitud hacia quienes me criaron, dice mucho del corazón que tiene.

Eduardo me ha enseñado que el liderazgo no es cuestión de cargos, ni escenarios rimbombantes, sino de decisiones cotidianas hechos con amor y entrega, sostener y ayudar a alcanzar los sueños de otros. Él hace posible que las teorías más complejas se hagan realidad mediante gestos sencillos, y convierte a nuestra familia en una organización que aprende y evoluciona demostrando así que, juntos, nada es imposible.

Hoy, como tu compañera de vida, quiero agradecerte públicamente por ser el líder silencioso que impulsa nuestros sueños, cuida de nosotros, y haces de nuestro hogar el mejor escenario para aprender y crecer junto. Gracias Eduardo, amor mío, por inspirarme y por ayudarme a ser la mejor versión de nosotros mismos.





Iván

Cómplices Parte 2 

Más allá de la escuela: un aprendiz que desafía los límites.

Aquí encontrarás una mente inquieta. Tardó tres días en nacer (se tomó su tiempo). Sus palabras son: "lo bueno se hace esperar", y con eso nos quedamos. Mi hijo menor, con apenas 16 años y un sueño tan sólido como su forma de mirar el mundo: es ser veterinario, porque su amor por los animales y su curiosidad no caben en cuatro paredes.

Hay en él una capacidad especial para aprender, para cuestionar y para ser un buen amigo; es el típico joven con un espíritu crítico bien definido, que observa, analiza y desafía, siempre con respeto y una pizca de ironía inteligente. Su cariño hacia mí es profundo pero discreto, y aunque a veces no le resulte fácil expresarlo en abrazos o besos, sé que está ahí, latiendo fuerte. A menudo, siente que sus logros pasan desapercibidos; sin embargo, no podría estar más orgullosa de la persona en la que se está convirtiendo.

Fue un niño profundamente deseado, esperado tras la sublime experiencia de la llegada de su hermano mayor, y ha traído consigo una nueva forma de aprender y de enseñar en casa. Junto a él, he vuelto a descubrir el mundo: mirarlo a través de sus ojos me ha llevado a entender que aprender no es solo cuestión de libros o aulas, sino de conversaciones cotidianas, de preguntas inesperadas, de retos compartidos y de vivencias que no caben en ningún currículum oficial.

Él mismo, quizás sin saberlo, es parte de esa "sociedad desescolarizada" que imaginó Illich: un aprendiz autónomo, guiado por su curiosidad, capaz de crear sus propias redes de aprendizaje. Es, también, ejemplo de lo que Lave y Wenger llamarían una comunidad de práctica: aprende y enseña junto a sus amigos (o de quien le necesite), crecen juntos, se acompañan en sus intereses y desafíos, formando lazos que son tan instructivos como afectivos.

Hoy sólo puedo darte las gracias, hijo mío, por tu existencia. Por haberme mostrado caminos nuevos, por tu paciencia cuando mi conocimiento o experiencia no alcanza para darte la respuesta perfecta, por esos momentos en los que no he sido asertiva y simplemente he hecho lo mejor que he podido. Y, sobre todo, te pido perdón por aquellas veces en las que no supe acompañarte como merecías. Hemos aprendido juntos, hemos cruzado tormentas y celebrado victorias… y aquí estamos, saliendo siempre adelante, cómplices en el verdadero sentido de la palabra.

Gracias, de corazón. Por elegirme como madre y por ser mi constante inspiración.




Edu

CÓMPLICES Parte 1

Redes que sostienen: maternidad y aprendizaje compartido.

Sí, esto irá por capítulos. Inspirada por el concepto de las redes y las conexiones tan esenciales en la vida y, especialmente, en el ámbito educativo, quiero comenzar compartiendo cómo esa “red” ha sido fundamental en mi recorrido académico. Esas conexiones no solo han marcado mi paso por la universidad, sino que también han trascendido hacia mi vida personal y profesional. Hoy puedo decir con orgullo que mi trayectoria no habría sido la misma sin el apoyo de quienes me rodean.

Quisiera empezar este blog hablando de mi mayor trascendencia, mi auténtico legado: SER MADRE. Lo escribo con mayúsculas no solo porque estoy profundamente orgullosa de serlo, sino porque siento que es uno de los títulos más complejos y enriquecedores que he alcanzado. Muchas veces, creo que ningún espacio sería suficiente para describir la enorme alegría y responsabilidad que implica la maternidad, cada día hay enseñanzas que  cobran vida a través de ellos (los hijos).

En esta primera entrada quiero presentarles a mi hijo mayor, quien ha sido, y sigue siendo, una figura clave en mi proceso de aprendizaje. Él no solo ha estado presente en los momentos fáciles, sino muy especialmente en los retos, convirtiéndose en mi cómplice, mi apoyo y, a veces, mi guía. Siento que he aprendido tanto de él como él de mí (o eso espero).

Quisiera compartir un vídeo muy especial, grabado para una práctica del curso, en el que necesitaba una mano amiga para llevar adelante una idea que se me ocurrió de manera espontánea (a veces mi creatividad me sorprende hasta a mí). Y, como tantas veces, allí estuvo él: dispuesto, paciente, y entusiasta a la hora de colaborar y hacer posible lo que parecía una locura. En cada paso, en cada pequeño proyecto, él ha sido parte esencial de este viaje. Nuestro vínculo demuestra, una vez más, cómo la complicidad y el apoyo mutuo entre generaciones puede ser una auténtica red que sostiene y enriquece.

Gracias por ser parte de este espacio y permitirme compartir, desde la sinceridad y la experiencia, este recorrido tan personal que, al final, también es una invitación a reflexionar sobre nuestras propias redes y complicidades.



https://youtu.be/khTWMbt8a7Q?si=h1EydEVpcRORuK9H









viernes, 19 de septiembre de 2025

Presentación

 


Empezando un nuevo final.

La curiosidad da el inicio de este camino. Empezó hace siete años, con muchas ganas de aprender y utilizar todo ese conocimiento en un ámbito de mi vida. Pero... no ha sido así.

Aprender es el motor que mueve esta historia.

¡Allí vamos!





Compis

CÓMPLICES Parte 4 Cuando el liderazgo se distribuye entre generaciones... mi paso por las aulas. Podría empezar esta entrada con un "ll...